17 de enero de 2022 | Actualizado 6:21
Mariano Fernández

Vulnerables

La pandemia del Covid-19 ha azotado a la humanidad, por sus graves repercusiones, en múltiples campos. Ha impregnado el mundo de la salud, pero también el económico, el político y el social. Las crisis siempre llevan a una reflexión desde la vertiente humana y, en este caso, ha sido evidente la vulnerabilidad que hemos sentido todos, desde los países ricos hasta los más pobres. Las conductas materialistas y autosuficientes de la globalización omitían contemplarla, pero la pandemia ha demostrado que no puede ser ignorada, porque ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de la libertad humana.

Los grandes daños que ha ocasionado nos dejan reflexiones y aprendizajes, tanto para el desarrollo de una infraestructura suficiente en el campo de la salud como para una regulación y administración adecuada de los recursos económicos o la conservación de la naturaleza, así como una capacidad de cooperación en el comercio internacional.

En la cadena logística, se ha mostrado de forma directa o indirecta la solidaridad, reciprocidad y honestidad, pero a la vez se han manifestado actitudes de egoísmos y oportunismo en algunos ámbitos. Nadie puede obviar ni identificar algunos patrones de ciertas compañías modificando servicios marítimos y costes en función de sus beneficios e interrumpiendo la cadena de suministros para sacar rédito de ello.

Ser vulnerables nos hace necesitar no solo bienes, sino de vínculos humanos como la solidaridad y el respeto

Ante el mar de actitudes y valores presentes en la actual pandemia, es importante la reflexión sobre la vulnerabilidad humana. Ser vulnerables nos hace necesitar no únicamente bienes, sino de vínculos humanos como la solidaridad y el respeto. Solamente otro humano puede reconocer y comprender nuestras carencias, compartiendo y ayudando en las necesidades materiales e inmateriales.

La actividad de los operadores logísticos siempre está rodeada de riesgos, que se aprenden a manejar fortaleciendo el talento para desarrollar estrategias y poniendo coraje y ahora más que nunca lo están demostrando. Es, precisamente, lo que se espera en estos momentos, que las acciones individuales y colectivas de las empresas del sector sean respaldadas por acciones gubernamentales acordes a las necesidades del ejercicio esencial de sus servicios tal como se han vivido y experimentado desde el inicio de la crisis. Es ante la indiferencia política cuando los colectivos empresariales deben exigir que hagan su trabajo, promoviendo acciones éticas y de justicia y cumplan su cometido como garantes de la dignidad humana.

El futuro de los operadores logísticos no va de músculo, tecnología y talentos, va de empresas con corazón

Estamos ante una crisis vital que comporta la reflexión humana. Las empresas deben de ser más humanas y se  equivocan quienes confunden empresas humanas con vulnerables. Toda empresa es vulnerable, las humanas son todo menos débiles, pues son organizaciones formadas por seres humanos comprometidos. El futuro de los operadores logísticos ya no va solo de músculo, tecnología y talentos. Las empresas del futuro que hayan aprendido la lección del Covid-19 se basarán en el corazón y los profesionales se identificarán más con las compañías con corazón.

Las empresas dependen de los resultados, pero los motores que las mueven  no son números, son personas. La vulnerabilidad es real y, al igual que los desastres naturales, imposible de evitar al cien por cien, pero también es necesaria como detonante de valores y acciones humanas. La formación moral de las personas aplicada a la relaciones de la cadena logística, que lleva del ‘yo’ al ‘tú’ a la mutua ayuda y cooperación, es la base de la reflexión y la enseñanza para el futuro que nos ha de dejar este grave momento histórico.