17 de enero de 2022 | Actualizado 6:21
Jon Sojo

¿Y ahora qué? La superliga portuaria

Es el portuario un sector resiliente. A pesar de lo dramático de la situación, el mundo no se detendrá y la tierra seguirá girando sobre sí misma. Nuestra sociedad recuperará un modo de vida reconocible tan pronto hayamos dejado atrás la crisis del Covid-19, y lo hará quedando patente la importancia troncal de la logística en tiempos de movilidad reducida para las personas, no así para los bienes.

El virus dejará, a buen seguro, cambios sustanciales en nuestra economía y sociedad, pero no en nuestros puertos y terminales, aunque a buen seguro provocará la aceleración de dinámicas existentes. Van a marcar el futuro las decisiones que tomen a corto plazo las grandes alianzas navieras, que son también propietarias de terminales, con el tráfico de sus contenedores habida cuenta de que nos asomamos a una recesión global y a una reducción significativa en el volumen del tráfico de la carga. ¿Les impulsará la situación actual a buscar refugio (en mayor medida) en terminales con mayor grado de automatización y autonomía ante una crisis del calado de la  actual? En realidad, esta no es una dinámica nueva, como ya he señalado anteriormente, la automatización y digitalización portuaria estaban ya  aquí para quedarse.

El coronavirus va a provocar la aceleración de dinámicas ya existentes en el sector marítimo-portuario

Más bien puede suponer un punto adicional en el argumentario de estos grandes grupos para sus megaterminales, que acabarían conformando una suerte de superliga portuaria, si se me permite el símil futbolístico. Una Champions portuaria donde el éxito de las terminales puede depender, entre otros factores, de la importante inversión realizada en activos que en este caso no serían jugadores, sino maquinaria y tecnología de vanguardia para sus terminales, que las colocarían al frente en el ranking no sólo de productividad sino de fiabilidad, que será un concepto que prevalecerá sobre otros más aún si cabe tras esta crisis.

La mayor autonomía de los megabuques ya hacía competir entre sí grandes terminales de nuevo cuño que por distancia antes no podían. La previsible falta de contenedores que se avecina sumada a las certidumbres que prometen terminales parcial o completamente automatizadas en tiempos donde la variable riesgo será determinante, pueden poner en cuestión la viabilidad de actores tradicionales y acelerar una dinámica que ya se vislumbraba. Que sepan complementar su experiencia y buen hacer con tecnología adicional e innovación en sus patios puede resultar clave en su futuro.