13 de junio de 2024 | Actualizado 19:05
E.M.

Popeye: del cómic a la economía política

El rudo marino, que celebra este mes su 90 cumpleaños, se popularizó en un momento en que esta profesión, la de marino, resultaba vital para la expansión internacional de Estados Unidos

Empezaba el año 1929 cuando un estrambótico personaje, un marino tuerto, con pipa y musculosos antebrazos, aparecía en la viñetas de la tira diaria ‘Thimble Theatre’ de King Features Syndicate, en la edición del The New York Evening Journal del 17 de enero. El marino acaba de cumplir 90 años y aún goza de buena salud.

Elzie Crisler Segar (1894-1938) firmaba estas viñetas en The New York Evening Journal, iniciadas 10 años antes y protagonizadas por Olive Oyl (conocida en España como Olivia) y su novio Ham Gravy. Al grito de “I am what I am and that’s all what I am”, este peculiar personaje se adueñaría del corazón de su creador y de sus lectores y también se haría amo y señor de la tira cómica, que acabaría llamándose ‘Thimble Theatre Starring Popeye’ en los años 60 y Popeye a partir de los 70. De hecho, aunque Segar siempre anunció la serie como ‘Thimble Theatre’, muchos periódicos cambiaron por su cuenta la cabecera a ‘Popeye the Sailor’. Así nacía un mito que se ganaría un sitio privilegiado en la historia del cómic, nacía la figura entrañable del cascarrabias y pendenciero antihéroe llamado Popeye, que lograría traspasar las viñetas para alzarse en parte fundamental de la imaginería del siglo XX, icono reconocible de una cultura popular construida alrededor del noveno arte.

En sus primeras apariciones, Popeye se caracterizaba como un marinero independiente, con una singular forma de hablar, prominentes y musculosos brazos tatuados con un ancla y una pipa de caña de maíz en la boca. Tenía el pelo rojo y una marcada quijada. Era tuerto del ojo derecho, aunque nunca se explicó cómo lo perdió. De hecho, su nombre proviene del inglés ‘Pop-eye’, que significa ‘ojo saltón’, pero que se refiere a su ojo dormido, término muy comúnmente utilizado por los marineros. Llevaba un pantalón de mezclilla azul, camisa azul marino o negra y una gorra de marino.

Las tiras diarias de Segar estaban dirigidas a un público adulto y se concebían a modo de denuncia social

Contrariamente a lo que sucede ahora, las tiras diarias de Segar estaban dirigidas a un público adulto y se concebían a modo de denuncia social, una crítica al modelo de vida americano como absurdo y pernicioso. Estaban estructuradas en dos tiras: la primera con tres viñetas y la segunda con dos, siendo la última doble para resolver el gag. Eran auto-inclusivas en lo que se refería al gag diario, pero se acumulaban como entregas de una historia más larga que duraba meses, en la que la sátira social y política se mezclaba con la fantasía más enloquecida.

Segar se mantuvo al frente de la tira cómica hasta su fallecimiento en 1938. A partir de entonces varios artistas se pusieron al frente: Tom Sims, hijo de un capitán de barco, con Doc Winner y Bela Zaboly sucesivamente; Ralph Stein; Bud Sagendorf; Bobby London y Hi Eisman.

En 1933, los hermanos Fleischer llevaron al personaje a los dibujos animados con la serie ‘Popeye el marino’ y contribuyeron a desvirtuarlo al tiempo que su fama se universalizaba. Más tarde llegarían las series televisivas y una película con actores de carne y hueso. Con los años, Popeye iba perdiendo su carácter surreal y se convertía en un personaje más simple y apropiado para el público infantil. Sus historias perdían también el carácter de denuncia social y se simplificaban, llegando al Popeye que conocemos en la actualidad.

Cinco curiosidades de Popeye

Hay mucho de Charlie Chaplin en las aventuras de Popeye (Segar confesó su admiración por Charlot y sus películas) y existen paralelismos entre la evolución de ambos personajes quienes, a lo largo de un proceso de prueba-error, pasaron de ser anti-héroes amorales a convertirse en sensibles y solidarios vehículos de buenos sentimientos. / Wikimedia
Hay mucho de Charlie Chaplin en las aventuras de Popeye (Segar confesó su admiración por Charlot y sus películas) y existen paralelismos entre la evolución de ambos personajes quienes, a lo largo de un proceso de prueba-error, pasaron de ser anti-héroes amorales a convertirse en sensibles y solidarios vehículos de buenos sentimientos. / Wikimedia
Muchos de sus personajes forman parte de la cultura comercial americana: el glotón Wimpy dio nombre a una de las cadenas de hamburgueserías más importantes del país, mientras que Eugene el Jeep, una mascota de increíbles poderes, inspiró el nombre de los famosos todoterrenos militares. / Giphy
Muchos de sus personajes forman parte de la cultura comercial americana: el glotón Wimpy dio nombre a una de las cadenas de hamburgueserías más importantes del país, mientras que Eugene el Jeep, una mascota de increíbles poderes, inspiró el nombre de los famosos todoterrenos militares. / Giphy

Mientras Segar introducía este nuevo personaje en su tira, Estados Unidos estaba a punto de sumirse en una de las peores crisis económicas de la historia, el crack financiero del 29 y los años de la Gran Depresión, que afectaría a todo el planeta. En el país del ‘American way of life’ se paralizaba el consumo, aumentaban los stocks, se ralentizaban las inversiones y muchas empresas tuvieron que cerrar. El desempleo llegaba a todos los estamentos sociales, la caída de los precios y de los mercados agrícolas arruinó a los agricultores, que vendieron sus tierras y emigraron.

Cuatro años después, en 1933, Roosevelt llegaba a la presidencia con un objetivo claro: reconstruir la economía del país con el New Deal, un plan basado en las ideas del economista John Keynes que, aunque estaba a favor del liberalismo, proponía la intervención del Estado en determinadas situaciones. Dicho plan estaba orientado a favorecer las inversiones, el crédito y el consumo, lo que permitiría reducir el desempleo. Se ofrecieron ayudas a los bancos y subvenciones a los agricultores, aumentaron los salarios y se redujeron las horas de trabajo, se crearon plazas en la Administración. También se diseñaron planes de asistencia sanitaria y un nuevo sistema de jubilaciones y pensiones.

Era una época en que Estados Unidos luchaba por conseguir una expansión económica y mercantil. El comercio marítimo tenía que ser otra herramienta que ayudara al país a conseguir la hegemonía mundial. Casualmente, o no, en esta época, Popeye crecía en popularidad. Encarnada en un simpático personaje, la figura del marino llegaba al gran público en un momento en que esta profesión era de vital importancia para la expansión internacional de EEUU.

Popeye como reclamo para comprar sellos y apoyar a las tropas en la Segunda Guerra Mundial / U.S. National Archives and Records Administration

Aunque nunca se le mostró sirviendo a la marina en ninguna de sus tiras cómicas, las series animadas han relacionado al peculiar marino con los Guardacostas de los Estados Unidos (‘Popeye the Sailor Meets Ali Baba’s Forty Thieves’, de Fleischer Studios), la Armada (cortometrajes producidos por Fleischer/Famous Studios durante la Segunda Guerra Mundial) o la United States Merchant Marine. De hecho, desde 1941, con el cortometraje ‘The Mighty Navy’, la vestimenta del popular marino era reemplazada por el uniforme de la armada norteamericana, un uniforme que utilizó hasta los años 60.

POPEYE Y LAS ESPINACAS

Entre los rasgos más significativos de Popeye están su increíble fuerza y su invulnerabilidad, por los que muchos teóricos lo consideran como uno de los fundadores del género de superhéroes. Curiosamente, en sus inicios, los poderes del marino tenían otro origen, nacían de haber frotado la cabeza de la gallina mágica Bernice. Pero el Gobierno norteamericano, en un momento en que los agricultores vivían sus horas más bajas y los precios agrícolas habían disminuido considerablemente, aprovechó el éxito del personaje para promover el consumo de espinacas durante la Gran Depresión, introduciendo la ingesta de estas verduras como la razón de la increíble fuerza de Popeye. Así pues, la protocaricatura del típico superhéroe del cómic americano publicitaba un alimento rico en hierro (una percepción errónea que se desmentiría años más tarde) y al alcance de las más bajas economías de su época, como responsable de la fuerza descomunal.

Esta referencia a las espinacas proviene de un estudio que, debido a un error de imprenta (los trabajadores habían puesto el punto decimal en el lugar equivocado), atribuía a esta verdura diez veces más hierro del que realmente contiene. Esto, unido al hecho de que en los años 30 las anemias por carencia de hierro eran muy comunes, animó a la Administración estadounidense a impulsar esta campaña. El resultado fue espectacular: durante la Gran Depresión la venta de espinacas aumentó el 33% en Estados Unidos, hasta convertirse en el tercer alimento más popular entre los niños, después del helado y el pavo.

NUEVA SERIE POR LOS 90 AÑOS

Para celebrar el 90 cumpleaños de Popeye, Hearst Entertainment y King Features han lanzado ‘Popeye’s Island Adventures’, una serie especialmente planeada para los niños de la era digital que sólo puede verse en YouTube. En ésta, la personalidad de Popeye y sus amigos ha cambiado. Por un lado, el protagonista ha cambiado su legendaria pipa por un silbato y, por otra, consume espinacas como hasta ahora, pero son orgánicas y las cosecha él mismo en un huerto que tiene en su barco.

Popeye ha perdido su pipa y come espinacas ecológicas en la nueva serie políticamente correcta emitida en Youtube

También ha cambiado la personalidad de Olivia, personaje que se encontraba en apuros durante las aventuras del marino. Ahora se encuentra en un perfil más fuerte, ingenioso e independiente, convirtiéndose también en una de las personas en las que se centran las aventuras. Y Brutus, el enemigo acérrimo de Popeye, ya no querrá arrebatarle a su pareja, como hasta ahora, sino que querrá hacerse con las espinacas orgánicas que dan fuerza a su rival.

La serie se estrenó hace poco y parece que no ha sido del agrado de muchos, que la han criticado en las redes sociales por considerar que el rudo marino es ahora muy “políticamente correcto”.