20 de mayo de 2022 | Actualizado 17:30
Ceipac / Union Académique Internationale Corpus International des Timbres Amphoriques / Real Academia de la Historia / British Library

Cuando las ánforas contenían el poder de un imperio

Las inscripciones en ánforas trazan la cadena logística del Imperio Romano, un sistema que fue clave para su estabilidad y supervivencia

Existe una forma de medir el poder distinta a manejar dinero o información y consiste en saber cuántas ánforas has empleado para transportar productos de un lado a otro de tus dominios y dónde han aparecido siglos después. Así es posible explicar el poder del Imperio Romano por encima de cualquier otra potencia mundial en su época: logística, transporte de productos y control territorial estaban directamente hermanados.

“El control ejercido desde Roma suponía que el sistema logístico fuera estable”
Juan Manuel Bermúdez Profesor del Área de Historia Antigua de la Universidad Rey Juan Carlos

“Los emperadores se ocuparon de tener bien controlado el acceso a determinados productos como el grano o el aceite”, explica Juan Manuel Bermúdez, profesor del Área de Historia Antigua de la Universidad Rey Juan Carlos. Para ello, crearon una estructura administrativa dirigida por un caballero designado por el emperador y de su absoluta confianza, detalla el profesor universitario. “Esta estructura se encargaba de asegurar y tener bien controlada la producción, el comercio y la distribución de algunos productos” como el aceite de oliva, muy apreciado por el Imperio, y el grano, proveniente de Egipto y donde también se puso en práctica este mecanismo. “Egipto era uno de los principales proveedores de grano de Roma y los emperadores querían evitar que su control cayera en malas manos”.

En un ánfora pueden encontrarse datos sobre la región de origen y el peso de la carga transportada

Las ánforas son un testigo de la coordinación que los romanos lograron establecer y que redundó en la prosperidad de su Imperio, además de comportarse como una especie de mapa que descubre rutas de transporte casi desconocidas hasta ahora. Es una de las conclusiones que arroja una investigación en la que el propio Bermúdez participó. El profesor universitario considera las ánforas “un tesoro” porque “en ellas se encuentran diferentes inscripciones, como nuestras actuales etiquetas, que proveen de información sobre la región de origen, la datación consular, los comerciantes, el peso y la tara”, explica Bermúdez.

UN ‘EMPAQUETADO’ CON MONUMENTO PROPIO

El máximo exponente de las huellas de las ánforas se encuentra en el Monte Testaccio de Roma, una colina compuesta por millones de ánforas rotas procedentes de lugares como la Península Bética, la Tripolitania (la actual Libia) y la Galia. Estas ánforas se usaban para transportar productos como el aceite desde la Península Ibérica o el norte de África. Las ánforas llegaban al puerto de Roma, donde se vaciaban y se rompían.
Como los actuales empaquetados, muchos de esos fragmentos van marcados con fechas, tipo de contenido, el nombre del exportador y el destino, información que ha facilitado el estudio sobre la evolución del comercio entre la Península Ibérica y el norte de África con Roma. Con el contenido transportado en estas ánforas, se pudo abastecer a la población durante 250 años.

Gracias a la información presente en las ánforas, se pueden identificar tres puntos clave del comercio y transporte romano: las orillas del Guadalquivir y del Genil como lugares de producción; Roma como lugar de gran consumo; y las provincias militarizadas, donde el ejército usaba el aceite con diferentes fines. El transporte no solo se limitaba a transcurrir por los ríos del interior de Europa, sino que también empleaba el barco desde la Bética a través del Atlántico hasta el entorno de los ríos Rin y Danubio “para aprovechar que el coste por mar era más barato y la necesidad de rupturas de carga y trecho recorrido por tierra era más corto”, afirma el historiador Juan Manuel Bermúdez.

Inscripción en un ánfora romana / Ceipac

LA PRIMERA GLOBALIZACIÓN DE LA HISTORIA
A pesar de la conocida y reconocida capacidad del Imperio Romano de poder y control terrestre con su red de calzadas, que tuvo la Vía Augusta como uno de sus máximos exponentes, la confirmación de que las ánforas viajaron por el continente a través del océano da también ofrece un paradigma distinto de su sistema logístico. De hecho, muestra como el modo marítimo actuó también como un vector clave para transportar mercancías y disponer de un modelo intermodal. El profesor Juan Manuel Bermúdez, de hecho, se inclina por la posibilidad de que Roma sea el primer momento de la historia de la humanidad en la que se pueda hablar de comercio globalizado. “Disponemos de algunas fuentes, como Plinio, que recuerdan que en época de Trajano había de todo en todos los lugares del Imperio”.

Aunque la historia romana dura varios siglos y la logística del abastecimiento militar se centralizó desde la capital a partir del Alto Imperio, sí podría sostenerse que Nerón acertó al asegurar que “el mundo es mío” en la mítica escena de ‘Quo Vadis?’. “Sin duda, el control ejercido desde Roma tanto en los lugares de producción de diferentes productos como del transporte a los lugares de la tropa suponía que el sistema fuera estable. Quizás podríamos decir que la superioridad logística se basaba en su estabilidad”, opina Bermúdez.