24 de abril de 2024 | Actualizado 19:42
E. M. / Arxiu Nacional de Catalunya / Albert Tubau

La quimera aérea de un hombre ingenioso

El inventor Cristòfol Juandó está considerado un pionero de la aviación en España, aunque nunca consiguió que su invento volara

Levantar en vuelo un cuerpo más pesado que el aire es uno de los grandes dilemas, y punto de inflexión, de la historia de la aviación. Hasta el siglo XX, los intentos documentados con éxito a la hora de levantar a seres humanos hacia el cielo pasan por el uso de aparatos sustentados por aire o gas, de tal modo que en un mundo lanzado a la carrera por volar existían fuertes dudas acerca de las posibilidades de generar aparatos similares a los aviones que hoy conocemos. Como se sabe, esa disyuntiva queda resuelta en el famoso vuelo de 59 segundos de los hermanos Wright en Carolina del Norte, un hito que cumple 120 años el próximo mes de diciembre. Sin embargo, unos años antes ya había un inventor nacido en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), Cristòfol Juandó, cuyo convencimiento de que un cuerpo pesado y motorizado podría elevarse en el aire le enfrentaba al escepticismo patrio. El resultado de su historia se resume en varias aportaciones técnicas que anticipan algunos principios de la aeronáutica actual, un artilugio volador cuya patente se adelanta al vuelo de los hermanos norteamericanos, y casi un siglo entero de oscuridad sobre su figura.

Es desde finales de los años 90 que Cristòfol Juandó puede contarse entre los pioneros de la aviación en España, según lo certificó el servicio cultural del Ejército del Aire en ese momento. La razón, que sus aportaciones teóricas sobre la relación entre el peso de un objeto y sus posibilidades de elevarse verticalmente, aunque relevantes, “pudieron no ser debidamente apreciadas en su momento”, y que su empresa de 1900, ‘Navegación Aérea. Aviación’, “tiene muchos visos de ser la primera dedicada a la aviación” del país, según expresó el organismo aeronáutico en una carta de 1997. Desde entonces, este inventor figura en la Enciclopedia Catalana como uno de los precursores del modo aéreo y durante varios años se entregó en Barcelona un galardón con su nombre destinado a la divulgación de la historia aeronáutica.

Cristòfol Juandó fue uno de los fundadores de la línea de ferrocarril de Vilanova i la Geltrú

Nacido en 1848, el inventor catalán fue en su tiempo un claro ejemplo del estilo emprendedor que caracterizó a la burguesía cosmopolita de la época. Hijo de comerciante y sobrino de un patrono industrial, con 30 años empezó a desplegar el capital heredado en los modos nacientes de transporte. En 1878, formaba parte de la junta constituyente de la línea de ferrocarril de Vilanova i la Geltrú, una línea de promoción privada que vería la luz en 1881 y cuyas infraestructuras principales -incluida la estación de Vilanova- siguen formando parte de la red actual.

“Era un potentado, un hombre que había hecho dinero en la bolsa, pero a la vez un personaje muy excéntrico, de gasto fácil”, explica Albert Tubau, ingeniero de la empresa Prysmian Cables y divulgador histórico. La investigación de Albert Tubau junto a la Fundació Privada del Parc Aeronàutic de Catalunya es la que culmina con el tardío descubrimiento de Juandó y su restitución. Según sus hallazgos, Juandó sería víctima de la quiebra económica de esa empresa ferroviaria al poco tiempo, como también lo sería, después, de su sueño de volar, al que se dedicaría en cuerpo y alma como inventor sin formación -solo se le conoce un bachiller en artes-, y en el que dilapidaría su dinero.

“Juandó desarrolló fundamentos técnicos con mucho sentido sin formación técnica”
Albert Tubau Ingeniero y divulgador histórico

Pese al reconocimiento relativamente reciente, la suya sigue siendo una figura poco conocida, hecho que favorece el mito y la fantasía a su alrededor. “Se trata de la historia de un hombre que, sin conocimientos técnicos, desarrolló teorías que tenían fundamentos físicos con mucho sentido, y a la vez planteamientos muy hiperbólicos que no lo llevaban a ninguna parte”, plantea su biógrafo. Entre los mitos, el más célebre le sitúa como un verdadero aviador que se anticipa al vuelo de los Wright en la Plaça Catalunya de Barcelona. Según palabras del propio Juandó que han tenido eco en algunas publicaciones posteriores, “1.551 personas que pagaron una peseta de entrada vieron levantarse mi aparato en una época que nadie había volado”. Fue en en septiembre de 1902 y los Wright volarían en 1903. La hazaña está poco contrastada, aunque la prensa de la época lo recogió en varias crónicas -algunas un poco jocosas-. “Parece ser que el aparato se sustentaba, flotaba un poco, siendo generosos”, señala Albert Tubau.

El artilugio volador en cuestión era lo que el inventor acabaría llamando ‘Multíptero’ o ‘Flugilarilo’ por su principal ingenio de vuelo, una serie de palas montadas alrededor de la cabina o cuerpo central. Para su despegue, Cristòfol Juandó había colaborado con un mecánico, Ricard Munné i Soler, con experiencia en talleres franceses y que instaló un motor Buchet de 4 cilindros y 24 caballos en la aeronave del inventor. De este modo, Juandó ensayaba una premisa parecida a la de los Wright, con la intención de sostener su aparato en el aire mediante motor y algo parecido a unas alas, y tras haberlo elevado, a diferencia de tentativas contemporáneas más quiméricas que optaban por lanzar los vehículos desde una pendiente. Según sus principios teóricos, el peso del motor y de la cabina no serían obstáculo para el vuelo, de la misma forma que no lo es el cuerpo para las aves. En 1903, los Wright elevarían un artilugio con un motor similar, y de un peso que puede aproximarse al del Multíptero -aunque solo se conoce el peso de su motor, y no el del total de la nave-.

AUGE Y CAÍDA DEL SUEÑO AÉREO
El aparato centraría los esfuerzos del inventor durante sus años de activa campaña para convertirse en el primer creador de un avión útil de la historia, a partir de 1900. “Se desconoce qué influencias le empujaron a invertir tiempo y dinero en un invento que transitaría caminos inciertos entre la teoría y la práctica, pero durante los últimos decenios del siglo XIX se dedicaría a atar los principios teóricos de su invento”, escribe Tubau en su investigación ‘Cristòfol Juandó i Ráfecas: l’aventura de l’aviació’. En abril de 1900, saldría publicado el primer texto de principios técnicos del invento, ‘La navegación aérea. Aviación’, en el que “el principal argumento se centraba en intentar demostrar que los cuerpos más pesados que el aire pueden volar”. Ello se sustentaba en el mecanismo de “el ala rotativa”, que más tarde aplicaría al Multíptero. “Visto en perspectiva, puede considerarse que su artilugio se parece más a los helicópteros de hoy día que a los aviones” comenta en este sentido Albert Tubau.

EL SUEÑO AÉREO DE CRISTÓFOL JUANDÓ A TRAVÉS DEL TIEMPO

  1. 1869

    Cristòfol Juandó toma notas sobre el vuelo del albatros, animal simbólico de la quimera aérea, de referencia en obras literarias como la de Charles Baudelaire o Julio Verne, autor que ya lo relaciona con un aparato volador de ficción.

  2. 1885

    Según sus publicaciones posteriores, esta sería la fecha en la que Juandó empieza a dedicarse seriamente al estudio y desarrollo de una teoría sobre la aviación.

  3. 1900

    Con el título de ‘Aviació’ – ‘Aviación’-, Juandó publica en Barcelona un texto con los principios técnicos que justifican el desarrollo de su aparato volador. También emite vales de suscripción para financiar su invento.

  4. 1901

    El proyecto de Juandó obtiene la patente del Ministerio de Comercio e Industria de la República Francesa para su “aparato de propulsión para la aviación”.

  5. 1902

    El aparato volador de Juandó se exhibe públicamente en la Plaça de Catalunya de Barcelona. Su inventor reivindicará más tarde que “1551 personas pagaron 1 peseta de entrada y todas lo vieron levantarse en una época que nadie había volado”.

  6. 1903

    Juandó pide apoyo de la monarquía con una carta dirigida al Rey Alfonso XIII.

  7. 1910

    El inventor publica otro texto sobre su aparato, en el cual añade detalles técnicos y lo apoda con los nombres de ‘Multíptero o Flugilarilo’.

  8. 1917

    Muere Cristòfol Juandó sin conseguir los apoyos necesarios para materializar su invento, y su figura queda sumida en el olvido.

  9. 1996

    El ingeniero y divulgador histórico Albert Tubau entra en contacto con descendientes de Cristòfol Juandó, y pone en marcha una investigación de su figura junto a la Fundació Privada del Parc Aeronàutic de Catalunya.

  10. 1998

    El servicio histórico y cultural del Ejército del Aire reconoce a Cristòfol Juandó como pionero de la aviación española. Se crea en Barcelona el premio a la divulgación de la aeronáutica con el nombre del inventor.

A partir de aquí, Juandó se inserta en la carrera de principios de siglo para conseguir “que nuestra querida España, tan atropellada por sus desdichas, sea la primera que obtenga no solo el cetro y la gloria en esta lucha científica universal, sino el asombro de la humanidad”, según sus palabras dirigidas al entonces presidente del Consejo de Ministros español, Práxedes Mateo Sagasta. En esos años se sitúan sus principales hitos: fundaría una nueva empresa, la ‘Compañía Universal de Navegación Aérea, Aviación’, en 1901, para cuya financiación había emitido 20.000 vales al portador por valor de 100 pesetas. Ese mismo año, también conseguiría la patente del Gobierno francés, por 15 años, de su ‘Appareil propulseur pour l’aviation’, es decir, el Multíptero. La prensa se haría eco de la exhibición de su prototipo en las calles de Barcelona, y es también en esta época -en 1902 y 1903- cuando Juandó dirige escritos a Sagasta y al mismo rey Alfonso XIII, en busca de apoyos financieros que nunca llegarían.

Las ideas pioneras de Cristòfol Juandó

Pero es con el vuelo de los Wright, justamente, cuando la suerte del pionero catalán empieza a anticipar el que será su destino. Pese a que la hazaña de los norteamericanos en 1903 tendría un efecto intensificador -Juandó escribe misivas al ejército, y no mucho después volverá a intentarlo con la monarquía-, los portazos a su iniciativa se suceden a lo largo de los años, incluidos de gobiernos extranjeros como el del Reino Unido. “Pese a sus ideas claras en cuanto a la capacidad de un aparato pesado para volar, está poco claro que su propio aparato fuera realmente capaz de materializarlas”, comenta Albert Tubau. “Personalmente, creo que su volumen y la longitud de las alas estaban descompensados”, añade.

El inventor esperaba que el transporte aéreo sirviera para eliminar fronteras y aduanas

No está claro si este era el motivo tras las negativas de sus coetáneos, o si su falta de formación también fue un fundamento -un hecho al que el propio Juandó oponía la frase: “Ingeniero no, pero algo ingenioso”, según sus propios escritos-, pero la década de 1910 culminaría con el inventor en una posición más desesperada. Ese mismo año se vería el primer alzamiento en Catalunya de un monoplano, un Blériot XI pilotado por el francés Julien Mamet. Y aunque Juandó seguiría apostando por su invento, el cual mostraría en la Exposición Aeronáutica celebrada ese año en Barcelona, la vía de desarrollo internacional ya apostaba por aparatos probados muy distintos al suyo, aunque los principios fueran parecidos.

Con la Primera Guerra Mundial, la consumación del uso bélico del avión, como telón de fondo, Juandó continuaría con sus tentativas impotentes de obtener financiación o desarrollo para el Multíptero y dejaría escrito el uso que pronosticaba para las máquinas voladoras: “Se podrá transportar como los grandes buques cargas y pasajeros a velocidades hasta ahora desconocidas (…) realizando el sueño dorado de la desaparición de las aduanas y fronteras, ya que todos los pueblos de la tierra quedarán convertidos en puertos del mar aéreo”. Sin embargo, tras nuevos escarceos con la Casa Real para obtener ayudas, y más cartas al al Conde de Romanones, nuevo presidente del Consejo de Ministros, moriría sumido en el ostracismo en 1917. Según recoge el trabajo de Albert Tubau, el diario catalán ‘l’Esquella de la Torratxa’ publicó una nota el 23 de febrero de ese año en recuerdo del inventor: “Juandó era un partidario de lo más pesado del aire, y los hechos le han dado la razón. Creemos que su equivocación fue querer hacerlo todo demasiado a lo grande”, rezaba.