21 de agosto de 2026 | Actualizado 14:48
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Logística internacional: de la gestión operativa a la ventaja competitiva

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María Giné Hernández

DCEO del Grupo Moldtrans

Logística internacional: de la gestión operativa a la ventaja competitiva

María Giné Hernández es DCEO y miembro del Comité de Dirección del Grupo Moldtrans. Con una visión estratégica del negocio logístico internacional, participa en el desarrollo corporativo del grupo y en la consolidación de soluciones integrales de transporte, aduanas y logística para empresas que operan en mercados internacionales. Su enfoque se centra en la adaptación de las cadenas de suministro a un entorno global más complejo, digitalizado y exigente.

Las cadenas de suministro globales han dejado de ser un problema exclusivamente operativo para convertirse en una variable estratégica de primer orden. La concatenación de disrupciones ocurridas desde 2020 ha puesto de manifiesto que la eficiencia logística tradicional, orientada a minimizar costes en escenarios estables, resulta insuficiente en un entorno donde la volatilidad es estructural. Las empresas que operan en mercados internacionales no pueden seguir tratando la logística como un coste gestionable en el margen. Es, ante todo, un factor de estabilidad y resiliencia que condiciona directamente su capacidad de cumplimiento frente a clientes y socios comerciales.

En este contexto, la concentración de rutas, proveedores o modos de transporte representa uno de los mayores vectores de riesgo para una empresa exportadora o importadora. Depender de un único puerto de entrada, de una sola naviera o de una ruta aérea sin alternativa es una fragilidad que, en condiciones normales, pasa inadvertida, pero que bajo presión puede paralizar operaciones durante semanas. La diversificación logística —multimodalidad, pluralidad de corredores y cobertura geográfica propia o a través de redes consolidadas— es una necesidad operativa para cualquier empresa con exposición internacional significativa.

La diversificación logística es una necesidad para cualquier empresa con exposición internacional significativa

El auge de las fusiones y adquisiciones en el sector del freight forwarding responde precisamente a esta lógica. La integración de operadores en estructuras corporativas más amplias —con presencia directa en mercados de origen, plataformas propias y equipos especializados por corredor— incrementa la capacidad de reacción ante incidencias y reduce la dependencia de intermediarios externos. Para el cliente final, esto se traduce en mayor visibilidad sobre su mercancía, mayor control del proceso y, en última instancia, mayor continuidad operativa.

La tecnología como amplificador del capital humano, no como sustituto

La automatización y la inteligencia artificial están reconfigurando los modelos operativos del sector logístico con una velocidad que supera la capacidad de adaptación de muchas organizaciones. El análisis predictivo de rutas, la gestión dinámica de inventarios, el procesamiento automatizado de documentación aduanera o la detección temprana de riesgos en la cadena son aplicaciones que ya no pertenecen al ámbito de la innovación experimental, sino a la operativa cotidiana de los operadores más avanzados.

Sin embargo, la digitalización no elimina la complejidad intrínseca de la logística internacional: la redirección urgente de un envío, la negociación con un proveedor en un mercado regulado o la gestión de una incidencia aduanera en un país con normativa cambiante requieren criterio humano, experiencia sectorial y capacidad relacional que ningún algoritmo puede replicar íntegramente.

La digitalización por sí sola no elimina la complejidad intrínseca de la logística internacional

El planteamiento correcto no es optar entre tecnología o personas, sino entender la primera como un amplificador de las capacidades de las segundas. Los sistemas de inteligencia artificial generan valor real cuando liberan a los equipos operativos de tareas repetitivas de bajo valor —seguimiento, notificaciones, consolidación de datos— para que puedan concentrarse en lo que resulta difícilmente automatizable: el asesoramiento al cliente, el diseño de soluciones ad hoc y la gestión de excepciones. Esta combinación entre eficiencia algorítmica y juicio experto define qué distingue a un operador logístico recomendable de uno que simplemente ejecuta instrucciones. El primero anticipa, propone y acompaña; el segundo reacciona y traslada responsabilidades.

La implementación de tecnología en logística tiene también una dimensión cultural que las organizaciones deben potenciar. No basta con adquirir herramientas; es imprescindible desarrollar estructuras internas que permitan interpretarlas, cuestionarlas y actuar sobre sus outputs con agilidad. Esto exige liderazgos con visión analítica, equipos con formación continua y procesos organizativos que eliminen los silos entre las áreas comercial, operativa y tecnológica. El talento especializado —con comprensión simultánea de la cadena física y del entorno digital— se ha convertido en el recurso determinante del sector.

Cumplimiento normativo y asesoramiento: los nuevos diferenciales competitivos

La complejidad regulatoria del comercio internacional no ha hecho sino intensificarse. Las modificaciones en normativa aduanera, los ajustes arancelarios derivados de tensiones geopolíticas, las exigencias medioambientales sobre el transporte o los nuevos regímenes de control de importaciones en mercados de destino obligan a las empresas a mantener una actualización permanente que muy pocas tienen capacidad de gestionar internamente. El coste de un error de clasificación arancelaria, de una declaración incorrecta o de un incumplimiento en materia de licencias de exportación puede ser, en términos económicos y reputacionales, muy superior al ahorro que en su día justificó simplificar el proceso.

El operador logístico debe actuar como asesor estratégico en la toma de decisiones de acceso a mercados

En este escenario, el operador logístico adquiere un rol que trasciende el transporte y el almacenamiento: actúa como asesor estratégico en la toma de decisiones de acceso a mercados. La información que proporciona a su cliente no puede limitarse al tracking de envíos; debe incluir alertas regulatorias, análisis de riesgo por corredor, anticipación de cuellos de botella y propuesta de escenarios alternativos antes de que la incidencia impacte en la operación. Este nivel de servicio requiere inversión en inteligencia de mercado, redes locales con conocimiento de primer nivel y una relación con el cliente basada en la confianza y el conocimiento profundo de su modelo de negocio.

La logística internacional ha completado su transición de función de soporte a palanca de competitividad. Las empresas españolas con ambición exportadora —y las que dependen de importaciones para sostener su cadena de valor— no pueden permitirse una visión cortoplacista sobre la elección de sus socios logísticos. La decisión debería basarse en la capacidad del operador para proteger la continuidad del negocio ante un entorno que combina, de forma permanente, incertidumbre geopolítica, transformación normativa y presión sobre los márgenes. Quien entienda la logística como inversión estratégica, y no como coste variable, habrá dado el primer paso hacia una cadena de suministro verdaderamente resiliente.