24 de septiembre de 2020 | Actualizado 17:39

Los cambios tecnológicos del shipping obligan a reinventar la formación y educación marítima

El transporte marítimo autónomo e inteligente y los buques convencionales coexistirán en alta mar durante, al menos, las próximas tres décadas
Hapag-Lloyd

La transformación tecnológica en el transporte marítimo necesita, para ser implantada con éxito, de una formación adaptada a las nuevas necesidades. Un estudio encargado por la dirección general de Movilidad y Transporte de la Comisión Europea (DG Move), que analiza diferentes aspectos sociales del transporte marítimo de mercancías, identifica dos tendencias tecnológicas particularmente visibles en alta mar para los próximos años: el shipping autónomo y el shipping inteligente. A este respecto, ambas coexistirán en las próximas tres décadas con la operativa de buques tradicionales, dado que la vida útil de las embarcaciones acostumbra a ser de 15 a 30 años, lo que añade dificultades para conjugar las diversas tipologías.

“Se espera que las tripulaciones estén rodeadas de tecnología que asista a sus funciones y a las del buque, hecho que llevará a una eventual redundancia operacional”, han explicado los analistas. De esta forma, el futuro pasa por la formación de marineros cualificados. En este sentido, la falta de atractivo de la profesión conlleva y conllevará dificultades para cubrir los puestos de trabajo y mantener a los tripulantes en el sector, han asegurado. Entre otros, las generaciones más jóvenes “perciben la incompatibilidad de una vida social y familiar normal con las condiciones de trabajo generalmente pobres y las escasas perspectivas de progreso profesional”. No obstante, el estudio también puntualiza que “la falta de atractivo es una manifestación del problema, pero no su raíz”.

La falta de atractivo de las profesiones marítimas son una manifestación del problema, pero no su raíz

Las innovaciones tecnológicas permitirán reinventar la profesión y ofrecer trabajo a los marineros cerca de casa, en los centros situados en la costa, puesto que se automatizarán las actividades más rutinarias y peligrosas de la profesión. Por otro lado, esta nueva situación requerirá de un mayor nivel formativo de los tripulantes para realizar tareas más sofisticadas. “Aquí se deben abordar dos preocupaciones principales: la formación en nuevas tecnologías y la educación marítima para una mejor transición del mar a tierra”, han especificado en el informe encargado por Bruselas.

En este ámbito, los expertos han recalcado que algunos profesionales actualizarán sus habilidades mediante el sistema educativo, pero han advertido de que “no todos pueden permitírselo económicamente”. Por lo tanto, un reto a solventar será asegurar que los marineros no se quedan atrás según avanzan las innovaciones. Si se consigue superar el reto, los autores vaticinan que se darán nuevas dinámicas en el ámbito laboral: “El cambio tecnológico crea la oportunidad de abordar muchos de los problemas identificados e incrementa el atractivo de los empleos ligados al transporte marítimo”.

Las innovaciones tecnológicas permitirán reinventar la profesión y ofrecer trabajo a los marineros cerca de casa

PALANCAS Y FRENOS PARA EL EL AVANCE TECNOLÓGICO DEL SECTOR
Mientras algunas embarcaciones serán más inteligentes, con más sistemas digitales e integración en las operaciones de flota, otras serán autónomas. Un ejemplo de esta última es el ‘Yara Birkeland’, el primer buque de carga autónomo bajo construcción que catapultó la autonomía de los buques al debate público. De hecho, tanto la Organización Marítima Internacional (IMO) como la UE cuentan con grupos de trabajo en relación al conocido como Maritime Autonomous Surface Ships (MASS).

Asimismo, el estudio ha señalado que “los grandes buques portacontenedores, producto de una forma de pensar tradicional basada en economías de escala, los ha llevado a ser demasiado grandes y difíciles de gestionar”. Por ello, el estudio defiende la transición hacia “buques más pequeños, inteligentes e integrados”. A este respecto, cabe remarcar que la publicación se llevó a cabo entre 2011 y 2018. Por lo tanto, no ha tenido en cuenta la casuística del brote de coronavirus, que ha motivado, precisamente, una dinámica contraria, es decir, un mayor protagonismo de los megabuques.

Los expertos apuntan que no todos los profesionales podrán permitirse económicamente actualizar sus perfiles

A su vez, los factores que impiden la proliferación de buques autónomos en largas distancias están asociados a los altos costes de inversión inicialmente requeridos y a la escasez de regulaciones internacionales en el ámbito. “Los modelos de negocio necesitan incluir digitalización y autonomía para que los armadores lo consideren más atractivo”, han recalcado.

“En el actual modelo, las grandes compañías han podido invertir en el lado tierra para monitorizar las flotas, mejorar la seguridad y contribuir a una mejor optimización, lo que ahorra combustible y recorta emisiones, pero los beneficios económicos no son suficientes para invertir en soluciones más digitales a bordo”. Además, los expertos han explicado que, “generalmente, los armadores son reticentes a adoptar completamente el concepto de navegación autónoma y no consideran que emergerá en el corto plazo”. En vez de ello, “las nuevas tecnologías están retroalimentando de manera progresiva a los buques existentes y modelos de negocio”.