22 de octubre de 2021 | Actualizado 17:03
Andrés Arribas

AC/DC

El título del artículo no es para mencionar a la célebre banda de rock australiana, lo traigo a colación después de escuchar a Ángel Cabrera, presidente del Georgia Institute of Technology, en su interesante reflexión sobre el futuro de la educación en esta época postpandemia hablando de que las cosas van a cambiar, habrá una situación antes del Covid (AC) y otra después del Covid (DC).Y esto que él aplicaba a la educación, es perfectamente trasladable a todos los sectores de la sociedad.

Después del Covid (DC) es el momento de poner en valor la frase de nuestro presidente del Gobierno: “Nadie se va a quedar atrás”. Por eso, ahora que empezamos a salir de esta pandemia es el momento de utilizar herramientas económicas que permitan restablecer un modelo robusto de crecimiento y llevar a cabo las promesas que nos ilusionaron para luchar contra esta plaga vírica. Una de esas palancas, de la que se lleva demasiado tiempo debatiendo, es la conveniencia o no, de incrementar el salario mínimo interprofesional (SMI). Voy a posicionarme con toda mi humildad.

Es el momento de utilizar herramientas económicas que permitan restablecer un modelo robusto de crecimiento

Me parece indecente que se haga ‘casus belli’ de una medida que para empezar es exigida por una directiva de la Comisión Europea a todos los Estados miembros que tienen en su legislación un salario mínimo y que obliga a llevarlo hasta el 60% del salario medio del país. Pues bien, el salario medio español en 2020 fue de 2.153 euros/mes versus los 950 euros/mes del actual SMI. Es decir, el ratio está todavía en el 44%.

Cuando dicen CEOE y Cepyme que ahora no toca, habría que recordarles que en el periodo que va desde 1999 a 2006, años del boom económico y previos al pinchazo de la burbuja creada por parte de esos empresarios que ahora van de “ofendiditos”, los beneficios empresariales subieron el 73%, mientras que el salario medio real perdió el 4% de su poder adquisitivo, (ver informe de la OCDE presentado en París en junio de 2007). España fue el único de los 30 países miembros de la OCDE en el que el poder adquisitivo de los salarios bajó en la década anteriormente mencionada. En el año 2007, el SMI estaba en 570,6 euros y el salario medio en 1.456,45 euros. Es decir un ratio del 39%, eran tiempos de vino y rosas, pero ni por esas: en ese momento tampoco tocaba.

La subida del salario mínimo es exigida por Bruselas y obliga a llevarlo hasta el 60% del salario medio del país

¿Qué era lo que tocaba y a qué se dedicaron los representantes de las patronales CEOE y Cepyme en los últimos años?. ¿Qué han hecho y dónde está su mantra de crear empleo, generar riqueza, hacer crecer el país, fortalecer  la marca España,…? Pues bien, por el lado de CEOE, el presidente Gerardo Díaz Ferrán está en la cárcel, el vicepresidente Arturo Fernández Álvarez imputado y en la patronal aterriza, como premio al récord de mayor número de parados (casi seis millones), la exministra  Fátima Báñez, experta en poner velas a la virgen para reducir esa cifra, eso sí, pasando por Iberdrola. Y por el lado de Cepyme, los Presidentes Jesús Bárcenas López y su sucesor, Jesús Terciado Valls, igualmente imputados.

Quiero pensar que esta era la plantilla ‘AC’,  que no nos ha servido, que no son ejemplo de nada bueno y que, desde luego, no representan a los verdaderos empresarios que poseen modelos de negocio sostenibles en el tiempo, que arriesgan de verdad en actividades de valor añadido y no en chiringuitos especulativos. ¿Es que no hay en el tejido empresarial español banquillo para la patronal con capacidad para liderar este ‘DC’ que se nos viene encima? Yo quiero estar orgulloso de los políticos, sindicatos y también de empresarios, autónomos, emprendedores,…. Gente que hace país. Que colabora y llega a acuerdos para tener un país más rico, más competitivo, con menos desigualdades. A todos ellos les recomendaría que visionaran la serie ‘Borgen’, qué ejemplo de debates dialécticos, de negociaciones exquisitas, de cultura constructiva donde siempre gana el país.

A los representantes que han desertado de la mesa de negociaciones por no estar de acuerdo con una insignificante subida les diría, y ellos lo saben, que puede asumirse y que tiene recorrido. Parecen plañideras llorando por no poder soportarlo en sus cuentas de resultados. Pero no se muestran tan hostiles con otras partidas más elevadas y que forman parte del escandallo de sus costes, como son los incrementos de la energía, las subidas de los alquileres de las naves, instalaciones y concesiones donde se desarrolla la actividad, aumentos en las materias primas, carburantes, etc. O las amortizaciones aceleradas por la renovación de los equipos informáticos por su obsolescencia programada, por la subida de las primas de seguros, de los costes financieros que pagan a la banca con diferenciales excesivos, de los tributos y licencias locales, de las dietas a consejeros, de los cobros que se materializan a más de 190 días de su vencimiento que les realizan las grandes compañías con las que trabajan y un larguísimo etcétera.

El colectivo afectado por la subida del salario mínimo la va a destinar prácticamente en su totalidad al consumo

En mi vida profesional, cuando se incrementaban las tasas horarias por la subida de convenio o por alguna reivindicación salarial, no me levantaba de la mesa, teníamos que seguir siendo competitivos y continuar en el mercado y, por tanto, atacábamos otros inputs: incremento de la productividad, reducción del absentismo, vigilar los ‘scraps’, ser más riguroso con los costes de no calidad, bajar la siniestralidad, introducir filosofía kaizen, etc…. ¡Había partido!

Pero es que, además y por último, si sube el SMI, que afectaría a un millón y medio de ciudadanos, dentro del modelo económico liberal que nos movemos, bajo la doctrina keynesiana, este colectivo es el que tiene mayor propensión marginal al consumo. Es decir, cada unidad adicional que reciba de renta la va a dedicar en su totalidad al consumo, con lo que en la ecuación de la demanda agregada, aumentaría el consumo. En resumidas cuentas, va  directo a incrementar el PIB, 1º de Económicas.

¿Qué más razones hacen falta para justificar dicha subida? Emulando a la banda rockera AC/DC, abandonemos la ‘Highway to hell’ y construyamos una ‘Highway to hope’.