1 de noviembre de 2020 | Actualizado 9:54
Oriol Montanyà

Esos locos logísticos

Existe un gran colectivo, formado por profesionales de todas las edades y condiciones, que se encargan de aprovisionarnos sigilosamente, día tras día, de todo aquello que necesitamos para nuestra subsistencia. Lo hacen a través de una interesante mezcla de precisión y esfuerzo, organizados como una perfecta cadena de procesos concatenados, que se van ejecutando lejos de las luces mediáticas, sin que la mayoría de los mortales nos demos cuenta.

El problema del colectivo en cuestión es que, como tantas otras cosas esenciales de la vida, solo se les valora de verdad en los momentos difíciles. En este sentido, la crisis del coronavirus ha provocado que salten a la primera línea informativa y hablemos de ellos con más frecuencia de la habitual. Pero por si alguien todavía no los conoce, podemos aprovechar la coyuntura para explicar que estamos ante trabajadores que se han ido forjando una especie de personalidad propia, con algunos rasgos diferenciales, como su enorme capacidad de resiliencia, es decir, de sobreponerse a las adversidades a base de entereza y actitud mental positiva.

El colectivo logístico cuenta con una enorme capacidad de sobreponerse a las adversidades

Aunque no esté demostrado científicamente, todo parece indicar que tienen algún elemento genético particular, ya que muchos de ellos disfrutan levantándose muy temprano por la mañana, a menudo con el sol todavía acostado, para emprender intensas jornadas laborales, casi siempre cargadas de retos sobrevenidos que saben somatizar y transformar en valiosos aprendizajes. Además, lo que sí está comprobado empíricamente es que todos poseen un prodigioso sentido del humor, que utilizan a la perfección como bálsamo desatascador de situaciones complejas.

Pero si hablamos de rasgos de personalidad, hay que destacar la humildad como principio casi fundacional del movimiento, ya que es asombroso comprobar como sus integrantes se dejan la piel sin esperar nada a cambio, sin anhelar el reconocimiento social ni la palmadita en la espalda. Por raro que parezca, ellos consideran que la mayor satisfacción personal llega a través del trabajo bien hecho.

Es un grupo de personas bastante sospechoso, ya que a pesar de su aparente dispersión geográfica (los puedes encontrar repartidos por todo el mundo) tienen un gran sentimiento de pertenencia al colectivo, una especie de orgullo corporativo que hace que enseguida se reconozcan entre ellos y se saluden con gran complicidad, al estilo de esos moteros de fin de semana, cuando al cruzarse por la carretera levantan la mano para explicitar “¡tú eres de los míos!”.

Los profesionales logísticos son los encargados de poner en marcha el mundo cada día

Si quisiéramos identificar a los individuos que conforman el clan, nos daríamos cuenta de su amplia diversidad, que va desde los respetados transportistas, hasta los tenaces mozos de almacén, pasando por los sufridores planificadores, los pacientes repartidores, los estoicos agentes de carga o los imprescindibles informáticos. Cada uno de ellos, desde el eslabón de la cadena que ocupa, aporta su granito de arena para llevar a cabo grandes milagros, como que productos de diversa procedencia reposen conjuntamente en las estanterías de nuestros comercios, que los hospitales estén siempre aprovisionados de todo lo necesario para curarnos o que por las venas del ecosistema productivo circulen sin cesar los componentes que lo mantienen activo.

Y es que, aunque no seamos del todo conscientes, en realidad estamos ante una comunidad profesional que es motor esencial de la economía, ya que su aportación al PIB español supera el 8% y asciende hasta el 13% en el caso de Catalunya. De hecho, no es exagerado afirmar que son los encargados de poner en marcha el mundo cada día. Y por si eso fuera poco, también se empeñan en innovar para hacerlo un lugar mejor, ya sea utilizando energías menos contaminantes para el medio ambiente, aplicando tecnologías disruptivas para dignificar los puestos de trabajo o ejecutando estrategias de transporte para favorecer la movilidad urbana.

Aunque lo más probable es que Joan Manuel Serrat no les dedique nunca una canción, ellos son esos locos logísticos, invisibles pero imprescindibles.