17 de junio de 2021 | Actualizado 6:00
Fernando González Laxe

Los desafíos y amenazas portuarias españolas

El nuevo tablero marítimo mundial permite contemplar cambios trascendentales. Registramos tres fenómenos que se yuxtaponen: el reforzamiento de dos rutas marítimas en el transporte marítimo; el gigantismo naval y la selección portuaria correspondiente; y la nueva configuración empresarial. Si nos referimos al caso español, las conclusiones son muy obvias a la luz de lo acontecido en el año 2020, como consecuencia y reacción a las decisiones adoptadas por mor de la pandemia y sus inevitables ajustes y cambios de estrategias.

De una parte, se ha profundizado tanto en la eliminación de medidas proteccionistas como en la asunción de la mayor liberalización respecto al comercio marítimo. España está situada entre las diez economías marítimas más abiertas del mundo. Las mejoras en los servicios marítimos, la disminución de restricciones en las tarifas y acuerdos marítimos permitirán cosechar beneficios. De otra parte, el afianzamiento de dos rutas marítimas, la transpacífica y la de dirección Este-Oeste, muestran una ganancia de cuota y singularizan las relaciones entre los centros de producción y los de ensamblaje y consumo. Las nuevas perspectivas de futuro de las economías emergentes (con previsiones superiores al 7% del PIB para 2021) son un estímulo añadido a la configuración precitada.

Los entornos portuarios deben responder a las demandas derivadas de la intermodalidad y la transmodalidad

Los nuevos barcos de mayor porte (capaces de transportar más de 23.000 teus o contenedores de veinte pies) exigen nuevos equipamientos técnicos a los puertos. Los entornos portuarios deben responder, por lo tanto, a las nuevas demandas derivadas de la intermodalidad y la transmodalidad. En suma, se acondicionan a las concepciones de una nueva logística. De esta forma, son trascendentales los efectos producidos en el ámbito de la selección portuaria, que supone una diferente jerarquía portuaria, así como la configuración de grandes fachadas marítimas.

Los cambios en las estrategias empresariales responden a nuevos objetivos. A día de hoy, las dinámicas de fusiones, adquisiciones y alianzas entre empresas marítimas y de servicios aumentan. Dichos grupos actúan para ganar economías de escala y economías de redes, contribuyendo a la formación de amplios conglomerados con presencia internacional y que responden a los intereses de las cadenas globales de suministros.

Ciertos puertos encabezan estrategias propias, pero otros, la mayoría, siguen apostando por la pasividad en la acción

Ante este panorama, es fácil preguntarse quién acecha a España. Sin duda alguna, la posición de privilegio que ostentaba España se está viendo amenazada por tres grandes operaciones en marcha. La primera, el puerto de El Pireo (gestionado por la empresa china Cosco) ocupa en 2020, el cuarto lugar del ranking europeo (era el 17º, en 2007), con cerca de 5,5 millones de teus, desbancando a Valencia y Algeciras que, en 2019, lideraban los puertos del Mediterráneo. En segundo lugar, el puerto de Tanger-Med, se sitúa en el puesto 24 del mundo, por delante de Valencia, Algeciras y Barcelona, con más de 5 millones de teus, consolidándose como un puerto de referencia para el transbordo de contenedores. Y, en tercer lugar, la naviera MSC al adquirir líneas ferroviarias portuguesas (Medway) desarrolla una intermodalidad ferroportuaria avanzada e integral que permitirá conectar al espacio central peninsular con dos opciones marítimas (Valencia y Sines) en plena competencia y rivalidad.

¿Estamos preparados ante estos retos? En la Ley de Puertos, de 2011, se especificaban claramente los objetivos del sistema portuario: mayor competitividad, afianzar hinterlands y desarrollo de la intermodalidad; sin necesidad de acudir a los presupuestos estatales y exigiendo rentabilidades propias del negocio. Ciertas autoridades portuarias encabezan estrategias propias, promoviendo alianzas interportuarias y respaldando a sus grupos de interés locales, tal y como debe hacerse. Otras, la mayoría, siguen apostando por la pasividad en la acción, esto es, ejemplos para no seguir. En su conjunto, da la impresión de que empezamos a perder el horizonte del progreso, la competitividad y el posicionamiento internacional.