24 de octubre de 2020 | Actualizado 9:25
Miguel Quintana

Veteranos y noveles

“Se queda Induráin”, gritaba atónito el comentarista de la televisión francesa cuando, una tarde de julio de 1996, durante la ascensión al puerto alpino de Les Arcs el ciclista navarro recuperaba su condición humana, después de cinco años de dominio aplastante en la mejor carrera del mundo. Fue uno de los más inesperados desfallecimientos que se recuerdan, en una muestra más de la inevitable temporalidad de la condición humana. Sirva esta anécdota como punto de partida para reflexionar sobre el panorama actual y el futuro de la estructura empresarial del sector logístico y los axiomas que consideramos inmutables y que, al igual que la condición sobrenatural de Induráin, no lo son.

Venimos asistiendo a un proceso progresivo de concentración en nuestro sector con la creación de compañías globales cada vez de más tamaño. “Citius, Altius, Fortius”, partiendo de la premisa que la concentración genera sinergias, el tamaño crea economías de escala y la cobertura global mejora la propuesta comercial. El problema es que, al mismo tiempo que se generan estas ventajas, aumenta también su inercia.

Está proliferando una multitud de jóvenes empresas que pretenden presentar batalla a las incumbentes

La inercia es un fenómeno físico que se define como la resistencia de los cuerpos a la alteración de su estado y es proporcional a su tamaño. Aplicado a la realidad empresarial, esta inercia se manifiesta en forma de procesos de toma de decisión cada vez más lentos, estructuras de IT complejas condicionadas por toda la herencia recibida y unos procesos tan robustos como poco flexibles. Y mientras tanto, de forma sigilosa, otra realidad va abriéndose camino. Si abrimos un poco el plano, veremos que está proliferando una multitud de jóvenes empresas que pretenden presentar batalla a las incumbentes con unas armas diferentes: la innovación tecnológica y la agilidad para adaptarse a un entorno en frenética transformación.

La tecnología es la clave para entender el futuro hacia el que nos dirigimos. Una tecnología que, además de una evolución sin parangón, tanto por alcance como por velocidad, tiene como rasgo característico la accesibilidad para todo tipo de compañías. Y son las de reciente creación, que no cuentan con el 'legacy' de sus competidoras, las que pueden sacar más partido de ella.

La ventaja de las nuevas empresas es que son nativas en muchas tecnologías, mientras el resto debe adoptarlas

Existen compañías que están basando su propuesta de valor en el desarrollo de modelos de relación automatizados que ponen en contacto a clientes y proveedores de una forma mucho más eficiente que la tradicional cadena de subcontratación. Tenemos ejemplos de compañías de este tipo tanto en la carga completa, como en el grupaje y los movimientos locales. Esta tecnología no es, ni mucho menos, patrimonio de estas nuevas empresas, pero la gran ventaja es que son nativas en ella, mientras que las tradicionales tienen que decidir entre integrar diferentes tecnologías o afrontar la nada fácil decisión de comenzar de cero con una nueva arquitectura de sistemas.

Las nuevas compañías sufrirán un proceso de selección natural. Muchas de ellas no pasarán de una buena idea que no acaba de arraigar, otras sufrirán un problema de crecimiento y se quedarán en el camino, pero algunas de ellas tendrán éxito y crecerán hasta convertirse en adversarios temibles de esas empresas que ahora juegan en otra liga. Ya ha pasado en otros sectores donde la transformación digital ha llegado antes. Podemos pensar que el status quo que vivimos en el sector es inamovible, pero también pensábamos que Induráin ganaría, ocho, nueve o diez Tours, y después de Les Arcs nunca volvió a vestirse de amarillo.