17 de enero de 2022 | Actualizado 6:21
Mariano Fernández

2020: Get lost

El 31 de diciembre de 1999 el mundo se preparaba para el caos que los expertos vaticinaban se produciría con el apagón tecnológico. Millones de maquinas dejarían de funcionar, los aviones no podrían volar, los cajeros dejarían de dar dinero y los semáforos se apagarían. Desde la década de los 60 se habían confeccionado millones de programas sin tener en cuenta el cambio de siglo y solamente hacia los 90 los informáticos comenzaron a advertir que podían producirse fallos en todos los sectores. La inversión para prevenir el efecto que denominaron ‘efecto 2000’ o error de milenio fue millonaria (se estimó en 215.000 millones en todo el mundo). Tomar esta medida fue el lado positivo para evitar la catástrofe del virus informático.

El próximo 31 de diciembre se cierran dos décadas de este siglo XXI que parecía llamado a resolver los conflictos y desmadres del anterior y a rectificar el rumbo de los desacuerdos políticos y económicos, pero los hechos y sucesos acaecidos en estos 20 años avivaron las viejas rencillas, los desencuentros políticos y económicos, los conflictos armados, los brutales actos terroristas y el imprevisto brote del letal virus biológico. Este último nos ha devuelto a una fragilidad de la que no teníamos referencias y que ante su expansión mundial de poco sirvieron los planes de seguridad nacional que la mayoría de países europeos y EEUU tenían elaborados y que se ha demostrado en muchos casos que solo se trataba de meras declaraciones de intenciones. Hemos averiguado que nuestro sistema inmune no lo es y se ha visto incapacitado para defender la salud y la economía y también que la pandemia ha dejado muy lejano nuestro pasado y cambiado irremisiblemente nuestro futuro.

La vacuna es la clave para huir de este periodo, aun no sabiendo cómo será el mañana

¿Se podía haber mitigado la angustiosa catástrofe del Covid-19 lo mismo que se evitaron los efectos del virus informático ‘efecto 2000’? Hemos olvidado lo experimentado, nos hemos olvidado de mirar por el espejo retrovisor y ahora solo queda mirar hacia adelante. La vacuna es la clave para huir de este periodo, aun no sabiendo cómo será el mañana, pero sí sabiendo de lo que nos tenemos que evadir y dejando de creer en el mito de que existen años de felicidad y proveedores de bienestar. Acostumbrados a los tiempos de bonanza en la que todo lo que se ignora se desprecia y en donde confundíamos valor y precio, necesitamos ahora priorizar las necesidades de la salud dejando en segundo término la cobertura de las otras, disfrutando de las relaciones sociales y del ocio como cada uno quiera. respetando las normas de seguridad y convivencia. Sin salud, no hay economía.

Solo hay una realidad que todo lo distorsiona y destruye en la raíz de nuestra vida: el miedo

La logística es uno de los sectores que se está adaptando más rápidamente a los cambios que se imponen en las nuevas necesidades. Las cadenas de suministro apuntan a la deslocalización de la fabricación, investigando nuevas geografías y nuevos modus operandi, donde los procesos y proyectos, tanto en lo social como en lo tecnológico, habrán de adaptarse a un periodo de pocos ingresos para no poner en peligro la sostenibilidad. La cadena logística ya ha demostrado la unidad en la crisis humanitaria y ha de afrontar unida la lucha para la recuperación económica. Será el resultado de esa lucha lo que el día después ponga a cada uno en un lugar de la historia.

En la raíz de nuestra vida, solo hay una realidad que todo lo distorsiona y destruye y es el miedo. Quedarse con el miedo significa no tener fe y fe significa confiar en la estructura social y en las formas y actitudes de quienes forman los eslabones que dan soporte a la cadena logística. Estamos apresurando la cuenta atrás para desearnos unas felices Navidades, que celebraremos con la nostalgia de otras más entrañables, estamos con las ganas de dar paso a otro año como si este no hubiera existido, como si todo lo ocurrido no fuera verdad. Soltemos las amarras en nombre de los que se fueron, porque les debemos una digna despedida, y consolemos a quienes ni siquiera pudieron acompañarles en la despedida.