4 de diciembre de 2021 | Actualizado 17:39
Mariano Fernández

Líderes en la incertidumbre

Stephen Hawking (1942-2018) decía que los mayores fracasos del ser humano llegaban por no hablar. Hay muchos personajes en el ámbito de la logística y el transporte a los que les gusta más escuchar que hablar, que no tienen ningún interés en hacerse notar, pero que cuando hay algún tema interesante exponen sus observaciones absolutamente brillantes y profundas. En cambio, hay otros que ocasionan estrepitosos hundimientos al padecer de incontinencia verbal y que creyéndose únicos y libres les cuesta sustituir el ‘yo’ por el ‘nosotros’, desbaratando los intereses comunes por interpretarlos de manera desigual.

Cuando escuchamos y no cuando hablamos es cuando se comprenden los problemas de todos y en muchas ocasiones ‘saber’ y ‘hacer’ son dos cosas distintas que, con la pandemia y el confinamiento, se han distorsionado aún más, creando un exceso de desestabilidad en la cooperación y limitando la baja participación en la vida asociativa. Anticiparse sectorialmente a los problemas debería de cotizar más alto; caben las disculpas de la situación sanitaria y las restricciones sociales y que sigue siendo necesario reconocer que persiste un grado de incertidumbre. En todo caso, se sigue percibiendo tras el verano, lo distantes que están algunos colectivos, a pesar de compartir las mismas inquietudes. A lo peor, lo que los separa es precisamente lo que creían que los unía.

La convivencia está cada vez más cara, es más fácil crear oligopolios y apuntarse a cualquier cofradía

Nadie sabe hacia dónde dirigir la mirada, adoptando posiciones muchas veces intolerantes, mirando solo a lo suyo y haciendo inalcanzable cualquier tipo de apuesta en común. La convivencia está cada vez más cara entre los operadores logísticos y jugar a las mismas cartas parece por el momento misión imposible. Es más fácil crear oligopolios y apuntarse a cualquier cofradía e incluso permanecer anclados por la adicción a no hacer concesiones.

Muchos directivos salen cada mañana con el monólogo puesto y la bandera del falso ganador, directivos que no fortalecen y que acaban siendo un lastre para la sociedad, porque su función no solo está en la empresa o las instituciones, sino en la misión de estimuladores de la colaboración público-privada y del diálogo social. La cuestión es detectarlos a tiempo antes de que sea demasiado tarde y lleven al fracaso. La competencia de los líderes es la primera virtud superior a la empatía o al carisma. Mimar el talento, incorporar nuevo si es necesario y no sucumbir a los excesos de la tecnología, ni saturarse de información que no sea productiva y ajustada a las nuevas demandas de los consumidores será asegurar la sostenibilidad.

Nuestra logística y transporte necesita voces más fuertes y posiciones más firmes con valentía y sensatez

La ‘nueva logística’ ha dejado de ser una ocupación rutinaria e impersonal. Es un espacio vivo en el que cuando se acaba un problema, aparece otro y así sucesivamente. Va más allá de la provisión de servicios de transporte al atender a los cada vez más complejos métodos de producción y distribución. Como vivir es decidir, podemos mejorar las cosas que pudiéramos haber decidido erróneamente, tanto a nivel personal como colectivo.

Nuestra logística y transporte necesita voces más fuertes y posiciones más firmes. O expresado de otra manera, el coraje necesario de los líderes para asumir el peso de la responsabilidad y la valentía para plantear a las administraciones las necesidades y los cambios que garanticen la supervivencia de las empresas en un contexto de incertidumbres en los mercados que tardará en normalizarse. Valentía y sensatez, no existe otro manual para capacitar a los nuevos líderes.