23 de enero de 2022 | Actualizado 8:02
Mariano Fernández

Una herencia devaluada

Cuando en pocos días cerremos la última página y hagamos balance en negro y blanco de un incierto 2021, abriremos a continuación el libro del 2022. Vamos a encontrar un preámbulo titulado “2022, el año de las dudas”.

La incipiente recuperación mundial postpandemia ha perdido brío en los últimos meses. La propagación de nuevas variantes del virus, el alto coste para las empresas causado en parte por la ruptura de las cadenas de suministro y la del transporte y logística vinculadas a su funcionamiento, los abusos de algunos oportunistas en el río revuelto y los aún no cuantificados suficientemente costes energéticos multiplican las dudas y complican decisiones políticas y empresariales en los apoyos a la recuperación económica.

Cada generación recibe un mundo distinto que le invita a un cambio nuevo, transformándolo a su manera

La pandemia ha dejado una profunda huella con un impacto dramático a nivel humano, afectando a nuestra vida y a nuestros hábitos, tanto por su extensión geográfica como por su duración. Sus efectos han motivado a su vez un desafío en las relaciones colaborativas, renunciando a protagonismos que repercuten negativamente en las estructuras de representación y crean tensiones por como se entienden los intereses comunes que afectan al transporte y la logística al ir al remolque de los vaivenes que están afectando a la producción y al consumo. Los humanos, como los animales, heredan todo lo que les influye, incluido lo que les rodea, como el comportamiento, el carácter y otros valores. La sociedad actual no puede ignorar el contexto, aunque le incomode esta terrible crisis. Cada generación recibe un mundo distinto que le invita a un cambio nuevo, transformándolo a su manera y de acuerdo a sus intereses.

La generación nacida con el cambio de siglo capeará con el cambio climático, la desigualdad y la precariedad laboral

Los nacidos en los años 40 fueron los jóvenes que en los 60 quisieron romper con la época de sus abuelos. La generación siguiente nacida con el cambio de siglo tendrá que capear con la amenaza del cambio climático, la desigualdad y la precariedad laboral que condicionaran sus vidas. Los argumentos de la experiencia no se pueden descartar en los cambios que se están produciendo en las formas operativas del transporte y la logística. La experiencia constituye el prestigio y la imagen de la actividad y es un elemento diferenciador, porque representa conocer el pasado y ayuda a no equivocarse en la construcción del futuro.

En el agitado día a día, dejamos de preocuparnos del mundo que vamos a dejar a la siguiente generación sin darnos cuenta de que nuestras acciones dejan un rastro que va más allá de las circunstancias. Influyen en el entorno negativamente y pueden tener consecuencias graves medio plazo. Evitarlo es una cuestión de sensatez tanto a nivel individual como colectivamente. El legado no solo está reservado a los líderes de las empresas y las asociaciones que saben que no pueden hacerlo solos. Hay que detenerse un momento en el día a día y pensar que no debemos dejar una herencia devaluada sobre lo esencial de nuestro trabajo, ocupemos el lugar que ocupemos en la empresa o en las organizaciones empresariales.

Debemos ser útiles para estimular a quienes no se dejen arrastrar por una sobredosis de tecnología

Es necesario en este escenario para la recuperación construir con visión global una organización nacional y plural dotada de recursos públicos y privados para contratar a los mejores, que actúe a modo de think tank, estudiando, proponiendo ideas para una proyección de la actividad esencial para el desarrollo y la reactivación de la economía. No nos debe mover la vanidad de pasar a la historia, sino de haber sido útiles para estimular a quienes, con formación y talento, no se dejen arrastrar por una sobredosis de tecnología y vean en el transporte y la logística una actividad humanizada, legitimada como la piedra angular que sostiene el arco que une la producción con el consumo.